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Cultura 18/12/2017 11:21 am

Actos culturales

Debemos decir que nos llegó el momento de hacer el balance de los que no ha dejado el teatro venezolano en este 2017 y admitir que el resultado es agridulce. Nos ha hecho un año más viejos, nos ha arrebatado a personas muy queridas y nos ha dado noticias de toda clase, desde aciertos o triunfos y hasta calamidades a lo largo y ancho del mundo artístico. Pero sería injusto dejar de señalar el lado positivo, pues ha sido un año que también nos ha mostrado creativos y esperanzadores espectáculos logrados por una innegable generación de nuevos teatreros y productores que se han superado a sí mismos.
Ha terminado la temporada teatral caraqueña del 2017 con no menos de 200 espectáculos financiados por el sector privado y el Estado. Todo comenzó con el reestreno de Reina pepeada de Román Chalbaud (Mérida, 1931), dirigida y producida por Jorge Souki y Douglas Palumbo, el cual constituyó un éxito de taquilla en el Centro Cultural BOD para beneficio de actores, empresarios y donde además el público pudo alabar la visión humanista y profética del autor, quien la estrenó en agosto de 1996, en la sala Anna Julia Rojas.
Este segundo montaje de Reina pepeada reiteró una vez más la calidad dramatúrgica y la visión sociológica de Chalbaud, plasmada en un sencillo argumento y sus arquetípicos personajes, francamente delineados, para plasmar escénicamente a una Venezuela, sin caer en compromisos politiqueros y sociales. Ahí está su mapa personal sobre su país, el cual ahora, más que nunca, tiene gran vigencia, particularmente, porque muestra la descomposición humana surgida en sus ciudades y desmitifica  a la sociedad venezolana a partir de sus personajes marginales y marginados, vistos con compasión e ironía, como solamente lo  pueden hacer aquellos auténticos escritores que retratan a sus pueblos. ¡No es un discurso político sino una oportuna y descarnada arenga social para un pais que difícilmente quiere cambiar!

GRAN SAINETE
Reina pepeada es, es pues, un gran sainete sobre la sociedad venezolana donde el amor es la mayor carencia de sus habitantes, al mismo tiempo que compite con el afán de conseguir dinero por parte de su gente, por lo que están dispuestos a todo, incluso a prostituir sentimientos y cuerpos y asumir mascaradas o engaños. El autor para balancear la situación melodramática y/o cursi de la madre Casilda, quien ha visto el derrumbe de sus ideales de “una sociedad justa” como la predicó Rómulo Betancourt, y la hija Reina que ha palpado y saboreado como se erigió una democracia que se corrompió y ahora devora a sus mismos creadores, presenta a un singular homosexual old fashion o loca, estereotipado ser entre cómico y patético como parodia de lo que pueda llegar a ser una libertad mal entendida, pero que al mismo tiempo es honesto y enamorado  de la vida y del amor, al cual  toca fugazmente a riesgo  de quemarse  con él. Es, quiérase o no, el único personaje masculino digno de la obra, ya que los otros hombres son villanos de poca monta y con diversos niveles de degradación.
Y el cierre de esta “extraña” temporada ha sido Acto cultural de José Ignacio Cabrujas (1937-1995), en la versión escénica de Guillermo Díaz Yuma, en el teatro Luis Peraza (sótano de la Iglesia de San Pedro, de los Chaguaramos), con la participación de Jariana Armas, Lya Bonilla, Larisa González, Dixon Dacosta, Héctor Castro, Joe Justiniano y Carlos Sánchez Torrealba. Toda una respetuosa producción del Taller Experimental de Teatro (TET).
Acto cultural es la peripecia de seis personajes perdidos en un pueblo venezolano, durante la primera treintena del siglo XX, quienes para trascender o pretender ser diferentes a los demás, o para no aburrirse en sus soledades existenciales, optan por fundar una institución cultural dedicada a representar sainetes y organizar conferencias sobre cualquier tema que los atrape, por eso fundan la sociedad Louis Pasteur y celebran o festejan el Descubrimiento de America y arman un tinglado teatral para materializar a Cristóbal Colón con todas sus peripecias ante los Reyes Católicos y después la travesía que lo llevaría a descubrir nuevos mundos.
Acto cultural es más que esta descripción plana que hacemos; para el periodista y crítico de cine Alfonso Molina, Acto Cultural –estrenada el 5 de agosto de 1976 en la sala Juana Sujo de El Nuevo Grupo- permite apreciar nuestra ansiedad y nuestra extrañeza. “Vaguedad y desorden, espera, locura, deseo, impertinencia, derrumbe y mendicidad, el desierto, la aridez. Aparece ese campamento, ese país del disimulo, esta maqueta de nación que tanto amó y por la que tanto trabajó para tratar de cambiarla. En esta pieza aparecen unos personajes íntegramente teatrales situados en el error, en una equivocación histórica, en la sintaxis que creen correctamente aprendida y que, declaran, les da la vida. En Acto cultural se habla sobre la historia de la Sociedad Luis Pasteur de San Rafael de Ejido, que celebra sus 50 años con la obra Colón Cristóbal, el genovés alucinado. Durante la representación los miembros van desnudando sus vidas precarias, sus miserias. Entran en un ruedo de austeridad y aparente sencillez, en la desnudez de quien está sin estar, de quien es en el aparentar, expuestos con una crudeza y a la vez con una ternura que nos mueven a la risa, a la rabia y al llanto”.

CABRUJAS SE EXPLICA
Cabrujas dijo en ocasión del estreno y la primera temporada de su Acto cultural que él había sido un enamorado de las formas primitivas del teatro en Venezuela, ”pero sobre todos de aquellas formas primitivas que copiaban al escenario, a la forma teatral, en la posibilidad de representar los grandes momentos de la humanidad, ha de hacer el incendio de Roma. Y Acto cultural es una historia de Colón contada por unos fracasados, por unos derrotados, por unos tipos que nunca llegaron a nada, que nunca descubrieron lo que querían, ni siquiera tuvieron la intención de descubrir nada….Y finalmente, yo creo que todos en Venezuela somos como los miembros de esa Sociedad Pasteur. Somos unos asaltantes de la cultura, hemos inventado una cuestión que nos ha llegado a atrapar, que es una convención cultural: nosotros figuramos, proponemos, tratamos…pero de una manera u otra nos atrapan las categorías, los grandes conceptos que hemos heredado y que, sin embargo, no manejamos porque no forman parte de nuestra cotidianidad. A mí eso me angustia mucho, quisiera repartir dulces, tisanas, tragos, para que no se sintiera lo teatral, que fuera verdaderamente un acto cultural propiciada por la Sociedad Luis Pasteur”. El Acto cultural que ha presentado el TET es una respetuosa reconstrucción de las didascalias que propone el autor, donde incluso hay hasta tisana y galletas en el intermedio, del espectáculo que dura más de 90 minutos. Un montaje más moderno le quitaría por lo menos unos 30 minutos, aunque el actual no molesta y es hasta placentero porque las actuaciones son convincentes. Ahí jugaron a seguro y dejaron las experimentaciones para después, aunque el TET lleva unos 41 años en esos avatares de la creación escénica. Las actuaciones son solventes o satisfactorias y muestra a unos perfectos personajes atolondrados e ingenuos, muy conmovidos por las grandezas ajenas. Hay virtuosismo actoral en todos ellos, especialmente en el protagonista Carlos Sánchez Torrealba. Es un respetable montaje primitivo, para utilizar el concepto de Cabrujas sobre algunas manifestaciones del teatro venezolano.
El espectador / E.A. Moreno-Uribe / @eamorenouribe

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