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Actualidad 13/08/2020 8:30 am

Las invasiones pican y se extienden en parques y áreas verdes urbanas

Desde hace años se producen invasiones en el cerro El Ávila

En Caricuao, El Paraíso y Montalbán, así como en zonas de Baruta, hay montañas que siguen siendo deforestadas en forma indiscriminada. En El Ávila, los guardabosques han tumbado 30 ranchos y encontrado sembradíos de ajíes y frutas más arriba del Estribo Duarte

Antes y durante la cuarentena, la ocupación de bienes inmuebles, de espacios públicos y parques nacionales ha estado a la orden del día. En El Ávila, los guardabosques han tumbado más de 30 ranchos y localizado sembradíos de ajíes y frutas.

En Caricuao, El Paraíso y Montalbán, así como en zonas de Baruta, hay montañas que son deforestadas, según denuncian los vecinos. En la parroquia Caricuao avanzan las ocupaciones y la destrucción de la capa vegetal de los parques Leonardo Ruiz Pineda, Vicente Emilio Sojo y Universal de la Paz, que colindan con Montalbán, La Vega y El Paraíso. Una situación que no es nueva.

Ya hay niveles de afectación en la UD-6 y en la UD-5. Más de 30 ranchos contabilizan los habitantes de la parroquia ecológica del municipio Libertador.

Felicia Yomilet Lugo, dirigente comunitaria, denunció que en el vivero de la UD-5, que fue convertido en polígono de tiros, viven varias familias; al igual que en el centro de reciclaje que fue tomado por el Frente Francisco de Miranda; mientras que en la parte de atrás del bloque 11, que es una zona verde protegida y por donde construyen la autopista hacia La Rinconada, hay personas “sembrando”.

“He ido a preguntar y eso es lo que me dicen, pero están haciendo unos ranchos de palo”, indicó.

En abril, a un mes de haber comenzado la cuarentena, en el parque Vicente Emilio Sojo se registró un incendio de grandes proporciones. Fuentes comunitarias de El Paraíso achacaron ese evento al banqueo y la deforestación, para dar espacio a la construcción de casas ilegales.

Ya ese parque tiene un historial de invasiones, entre 2004 y 2005. Centenares de familias ocuparon sendas hectáreas y armaron ranchos de tablas y, pese a que fueron desalojadas una vez por la Guardia Nacional Bolivariana (GNB), en ese parque crecieron de forma anárquica los barrios El Naranjal I y II y Colinas del Pinar, cuyas aguas servidas colapsan los drenajes de la Cota 905 y los desechos sólidos van a parar a las áreas comunes de las zonas residenciales de El Paraíso.

Residentes de Montalbán han hecho frente a las ocupaciones en el Leonardo Ruiz Pineda. Desde marzo pasado están activos por conatos de incendios. De nuevo este es un problema de vieja data, y aunque cada vez más se ve mermada la flora, la parte que está al frente de la urbanización Juan Pablo II y que se divisa desde la avenida Teherán no ha podido ser invadida.

El pasado domingo 9 de agosto, los vecinos estuvieron alertas por una presunta toma detrás de Galerías El Paraíso, cerca de La India.

Guardabosques alertas

Marlene Sifontes, dirigente sindical de Inparques, reconoció que en el caso de los linderos de El Ávila, los guardabosques han estado haciendo inspecciones y varios procedimientos.

Incluso han llegado a siembras que están por encima del cortafuego, más arriba del Estribo de Duarte, en donde encontraron matas de ajíes y frutas.

“Recordemos que la situación que se presenta en los parques es porque las mismas autoridades violan el Plan de Ordenamiento, Reglamento y Uso de Parques. En febrero y hace poco, en junio, personeros del Gobierno Nacional estaban sembrando encima de los cortafuegos y eso nunca se había visto”, denunció.

En la montaña, dijo, hay construcciones de todo tipo, porque hay un relajamiento de la norma, “hay un silencio cómplice de las autoridades”.

La dirigente sindical informó que en el Leonardo Ruiz Pineda, los guardabosques tumbaron unos ranchos porque la comunidad y los ambientalistas han estado denunciando. “Pero los parques están siendo invadidos por muchos flancos y no solo en Caracas, también el Henri Pittier, el Terepaima en Lara, Tirgua en Cojedes. En cuarentena esto se ha visto mucho, hay incendios, siembra de conucos y  no hay control”.

En el caso de las vertientes sur y norte de El Ávila, para el 2008 del lado de Vargas ya tenía 21 comunidades consolidadas. Del lado sur, desde Macayapa hasta Los Mecedores, los asentamientos iban cerro arriba. También en el extremo este, hacia Guarenas, en esa oportunidad se contabilizaron cerca de 400 ranchos.

12 años después en la montaña lo verde se opaca con el concreto en zonas como Galipán.

Situación similar se repite por los lados de la Panamericana y en la Regional del Centro, corredores viales donde las rancherías se exhiben sin precaución y sin supervisión de Ingeniería Ambiental y de Control Urbano de los gobierno locales.

Las comunidades organizadas de Caricuao, El Paraíso, Montalbán y Baruta tienen expedientes consignados en las alcaldías y Defensoría del Pueblo, y siguen trabajando por la preservación de los espacios verdes.

RECUADRO

Baruta no se queda atrás

Al igual que Libertador, este municipio tiene antecedentes de invasiones, que arreciaron en la época de Diosdado Cabello como gobernador de Miranda.

Y aunque muchas están consolidadas, con servicios de Corpoelec e Hidrocapital, hay terrenos vulnerables como unos que están en Manzanares y que han tenido una sucesión de casi 21 dueños, según contó Omar Villalba, presidente del Observatorio Vecinal.

Esos terrenos no son aptos para la construcción de viviendas de acuerdo con una inspección hecha durante la gestión de Gerardo Blyde como alcalde. Sin embargo, no han dejado de ser blanco de ocupaciones y, este fin de semana, un grupo de vecinos se percató de la presencia de personas en la parte alta. Fueron hasta el terreno para verificar lo que hacían y para exigirles que no avanzaran más si el propósito era construir casas.

Villalba destacó que ya en el sector hay comunidades consolidadas y que si en su momento no fueron desocupadas, ahora menos, pues ya hay bienhechurías y hasta una actividad comercial desarrollada. Pero lo que se pretende, comentó, es que estas no crezcan más allí ni en los parques nacionales, y que los vecinos tomen conciencia de la vulnerabilidad de esas tierras.

Mabel Sarmiento/Crónica.Uno

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