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Opinión 16/02/2018 12:58 am

De la democracia competitiva al sistema totalitario

Entendemos como política el poder de la polis, el poder de la ciudad, la capacidad de la toma de decisiones por una persona, grupo o élite que detenta el poder, y el poder como la capacidad de influir en el otro, de modificar actitudes y acciones. El poder y la política están íntimamente relacionados. Esta relación se enmarca en un sistema en el marco político-jurídico. En esa relación de poder están las personas reunidas en partidos, grupos, organizaciones e instituciones, y demás que conforman una sociedad reunida en Estado.  ¿Cómo se da la formación de ese Estado?  Lo llamamos soberanía, que es la capacidad del pueblo de elegir su forma de Estado y Gobierno. De acuerdo a esa capacidad se determina el tipo de Estado, que puede ser  una Monarquía Absolutista, Monarquía Parlamentaria y República. En las repúblicas existen sistemas democráticos, sistemas  autoritarios y sistemas totalitarios. Ejemplo de ellos podemos mencionar la República Popular China, que tiene un sistema tipificado como totalitario; solo existe un solo partido. La República de Cuba entra en esa categoría. En   los sistemas democráticos competitivos existen tantos partidos como sean necesarios, compiten en igualdad de oportunidades con garantías, derechos y deberes, y el pueblo puede elegir entre varias opciones. Ejemplo cercano tenemos Costa Rica, Panamá, Colombia y otros. Los sistemas democráticos competitivos pueden derivar paulatinamente hacia sistemas más autoritarios. Tenemos nuestro caso Venezuela, en el cual la democracia competitiva se ha restringido y solo participan los que el poder político central predominante determina y permite y la oposición solo puede acceder a ciertos espacios de poder, nunca detentar el poder nacional, y cuando lo hace se limita y coacciona. La capacidad de elegibilidad no son garantizadas y se exalta el voto como garantía de que es un sistema democrático. Hay que recalcar que el voto es un mecanismo de expresión que no determina que un sistema sea democrático. De los sistemas democráticos autoritarios fácilmente se puede pasar a un sistema de carácter totalitario cuando se utiliza toda la institucionalidad, convirtiendo al partido o los partidos oficiales en detentadores de la expresión soberana.

Ahmed Sleiman

Politólogo

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